Review: «Chemtrails Over the Country Club», otra gran obra de Lana Del Rey

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Al parecer Del Rey encontró el camino ideal en su mundo de poesía exuberante y gótico que deambula e insinúa viajar por distintos estados americanos en búsqueda de la verdadera felicidad.
Desde que decidió comenzar a trabajar con el productor Jack Antonoff, su estilo maduró de una forma sensacional, profundizando en los aspectos de su personalidad con letras íntimas y una cuidada mezcla sonora natural.
Si bien el track que abre el álbum, «White Dress», no es precisamente la mejor canción del álbum, e incluso puede resultar un poco paródicos aquellos falsetes que susurran mientras la batería llena al tema de flashes con múltiples platillos, el álbum toma una mejor forma desde la segunda canción.
Con «Chemtrails Over the Country Club» todo mejora, suena más seria y cohesiva con el resto del álbum, una empalagosa canción sobre el mundo superficial y soleado de algún club elitista, haciendo referencia al fenómeno conspirativo «chemtrails», que sostiene una teoria en la cual aviones enviados por el gobierno desprenden un rastro de humo químico que sería capaz de modificar el clima, controlar a la población y otros tipos de dominación. Lana utiliza esta teoría para demostrar que en su mente nada le preocupa y que en el mundo de la alta sociedad, lo estrictamente humano pasa a un plano inexistente.
La batería de «Tulsa Jesus Freak» es constante, con un ritmo y un sonido casi rap que desaparece darle lugar a la voz en auto-tune de Lana y un final instantáneo que deja una sensación de vacío espectacular para seguir con «Let Me Love You Like a Woman», una de las canciones más potentes del álbum, donde el amor atemporal es protagonista mientras las guitarras se desprenden lentamente.
El disco sigue creciendo con «Wild At Heart», una especie de canción country que se interroga sobre tomar distintos caminos y con «Dark But Just a Game», canción que en su inicio suena a «Don’t Speak» de No Doubt y luego explora nuevamente los ritmos hip-hop de manera suave mientras es acompañada de una pandereta y un particular puente beatlesco brillante.
El resto de los registros también son sugerentes y minimalistas, canciones como «Dance Till We Die» o «Breaking Up Slowly» se sienten cercanas, con guitarras entrelazadas que incluso parecen no haber pasado por ningún proceso de filtro de ruido, algo que le da naturalidad y personalidad a los tracks.
El disco finaliza con «For Free», un cover de Joni Mitchell cantado junto a 2 grandes referentes en ascenso de la música actual, Zella Day y Weyes Blood, logrando otro grandiosa nueva versión como supo lograr con «Doin’ Time», pero esta vez haciendo énfasis en conseguir una grabación íntima, donde las teclas del piano se sienten nítidaz.
Lana con este nuevo disco confirma que es una gran creadora de mundos en sus trabajos y que su calidad narrativa sigue intacta, pero también logró algo nuevo: su disco más atmosférico a la actualidad. Con toques suaves de jazz en las baterías, con composiciones que van creciendo de capa en capa y una sutileza barroca abrumadora, este nuevo material vuelve a demostrar que Del Rey está más vigente que nunca.